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Las
maquiladoras renacen en México,
pero ¿Por cuánto tiempo?
Hay
ventas y se generan empleos, pero el estancamiento
de las reformas en México puede
estancar a las maquiladoras
Marla Dickerson, Los Angeles Times,
3 de octubre de 2004
Las señales más claras de
cambios en Tijuana y Ciudad Juárez
son los anuncios colgados en las puertas
de las fábricas en los parques
industriales: "Se solicita personal."
"Hace un año, no se veía
ninguno," dice Ross Baldwin, gerente
de Tacna International, empresa productora
de componentes electrónicos cuya
planta de 250 trabajadores ha crecido
cerca del 30% en 2004. "Y parece
que esos anuncios de empleo están
en todas las fábricas."
Golpeada por la recesión económica
de Estados Unidos en 2001 y por la agresiva
competencia de países asiáticos,
la industria maquiladora está resurgiendo
apoyada por el mejoramiento de la economía
estadounidense.
Las maquiladoras son empresas extranjeras
localizadas principalmente en el norte
de México que producen bienes para
exportar a Estados Unidos y otros países;
en los primeros siete meses del año
las maquiladoras han creado más
de 80,000 empleos. Esto representa una
ganancia de 8.2% después de tres
años de pérdidas de empleos.
Las exportaciones de las maquiladoras
subieron más del 31% en agosto,
gracias sobre todo al aumento de la demanda
de Estados Unidos, la cual absorve alrededor
del 90% de las exportaciones mexicanas.
Estas son buenas noticias para ciudades
fronterizas como Tijuana y Ciudad Juárez
pues sus economías están
resucitando. Las compañías
ahora compiten por espacio en los parques
industriales y suben salarios para ganar
trabajadores.
Y este resurgimiento es imporante para
todo México. Las maquiladoras son
claves en una economía dependiente
del comercio internacional pues suman
la mitad de las exportaciones totales
del país. También son fundamentales
en el crecimiento del producto interno
de México, estimado en un sano
4% para este año.
Estados Unidos también tiene mucho
interés en este vigoroso sector
económico. La mayoría de
las maquiladoras son propiedad de estadounidenses
y se estima que unas 26,000 empresas de
Estados Unidos son proveedoras de materia
prima y componentes para las maquiladoras,
según el Departamento de Contabilidad
del Gobierno de EUA.
México se enfrenta a China en la
competencia por atraer capital extranjero
y busca atraer el interés de inversionistas
interesados en los bajos salarios de México,
en su cercanía a Estados Unidos
(el mayor consumidor del mundo) y en su
potencial de ser la economía más
grande de América Latina.
La Corporación Toyota abrió
este verano una planta en las afueras
de Tijuana con un costo de 140 millones
de dólares para producir cajas
para sus camionetas Tacoma. Estas son
enviadas a su vez a la planta de New United
Motor, una empresa conjunta de Toyota
y General Motors en Fremont, California.
Pero Toyota planea construir vehículos
completos en Tijuana para este año,
aprovechando la abundancia de ingenieros
talentosos y los bajos costos de operación.
“Mi objetivo es hacer que esta planta
sea tan productiva como cualquiera de
las que tenemos en el mundo,” dice
Joe da Rosa, gerente de operaciones de
la planta Toyota, “no hay razón
para no poderlo hacer.”
Pero qué tan alto pueda llegar
México está por verse. A
pesar del renacimiento actual de las maquiladoras,
muchos observadores se preocupan de la
competitividad de México a largo
plazo.
El desempleo lleva siete años golpeando
al país mientras siguen fracasando
los esfuerzos para crear empleos suficientes
para una población en crecimiento.
A pesar de declaraciones sin fin sobre
la amenaza China, el gobierno de México
ha hecho poco para reducir los altos costos
energéticos, mejorar la envejecida
infraestructura, agilizar la burocracia
y enfrentar el crimen organizado y la
corrupción que están ahuyentando
los inversionistas a Asia.
“Los políticos señalan
el crecimiento del empleo [en las maquiladoras]
y dicen que todo va bien,” afirma
Carlos de Orduña, consultante y
agente aduanal para maquiladoras en San
Diego. “Pero no todo está
bien. México tiene desafíos
muy serios que vencer.”
La industria maquiladora fue impulsada
por el gobierno mexicano en 1965 como
parte de un programa de industrialización
fronteriza. Su objetivo era atraer inversión
y crear empleos para los trabajadores
desplazados por la terminación
del programa bracero que permitía
a los mexicanos tener un trabajo temporal
en Estados Unidos.
La palabra maquiladora deriva de un viejo
término usado en tiempos de la
colonia para referirse al pago por moler
granos y hacerlos harina. Las maquiladoras
en sus años iniciales eran poco
más que plantas de ensamble para
las compañías de Estados
Unidos.
Luego las compañías trasnacionales
establecieron en México operaciones
completas de manufactura. En la actualidad
maquiladora significa en general una fábrica
de propiedad extranjera que produce para
la exportación. Los últimos
datos muestran que hay alrededor de 2,800
maquiladoras, de las cuales unas dos terceras
partes se localizan en los seis estados
de la frontera norte de México.
Para abrir una maquiladora, las compañías
deben registrarse ante el gobierno de
México. Con el permiso se obtienen
beneficios como trámites expeditos
en la frontera y tarifas aduanales preferenciales
para materia prima y equipo.
La industria creció en la última
década, alimentada por el TLC,
por la devaluación del peso en
1995 que hizo las exportaciones más
baratas, y por la explosión tecnológica
en el Valle del Silicón en California.
Las plantas electrónicas crecieron
en ciudades fronterizas como Tijuana,
donde el empleo en las maquilas se triplicó
hasta casi 200,000 trabajadores para luego
caer un tercio en la crisis que siguió.
La caída fue repentina y abrupta,
aumentada además por el continuo
crecimiento de China; algunos se preguntaban
si era el principio de una decadencia
inevitable. Pero otros respondieron que
México siempre sería relevante
en la cadena económica global por
tres razones: la ubicación, la
ubicación y la ubicación.
Mike White, gerente de la empresa CB Richard
Ellis en las ciudades paralelas de El
Paso y Ciudad Juárez, afirmó
que los negocios en bienes y raíces
están creciendo de nuevo. Dos nuevos
proyectos, afirma, son ejemplo de este
resurgimiento. La empresa sueca Elextrolux,
enorme productora de artículos
para el hogar anunció recientemente
que va a construir una fábrica
de refrigeradores en Ciudad Juárez,
mientras que la compañía
Lexmart Internacional planea abrir una
nueva planta el año que entra para
fabricar cartuchos de tinta para impresoras,
otra planta además de las cuatro
que ya tiene en México.
Según White, las compañías
productoras de mercancías voluminosas
como refrigeradores o de partes para productos
como impresoras, televisiones y computadoras
tienen buenas razones para quedarse en
México. Es muy caro transportar
esos bienes de Asia a Estados Unidos,
mientras que los productos de alta tecnología
envejecen en cuestión de meses,
obligando a las empresas a producir en
el menor tiempo posible.
Las compañías de Estados
Unidos que requieren entregas pequeñas
o muy puntuales también les conviene
estar en México, más que
en China, a pesar de los salarios en China,
menores a $1.50 dólares por hora
que es pagado, en promedio, en las maquiladoras
mexicanas. “Simplemente, no les
conviene ir allá teniendo un control
de tiempos muy estricto,” dice White.
Una ventaja particular de Tijuana es su
proximidad a California, donde los altos
costos están orillando a las empresas
a buscar sitios fuera del estado. La empresa
Tacna Internacional es una maquiladora
cuya matriz está en San Diego,
pero además cuenta con una división
que apoya otras compañías
para expandirse a México. Empresas
manufactureras pequeñas y medianas
afectadas por los altos costos de personal
y otros gastos se han convertido en clientes
de Tacna. “El estado de California
es nuestro mejor vendedor,” dice
Dale Fox, vicepresidente de ventas y mercadotecnia
de Tacna.
Cada mañana, grupos de trabajadores
entre 20 y 30 años de edad laboran
en un departamento de Tacna tejiendo
alambres de transformadores mientras que
otros trabajan arduamente produciendo
componentes electrónicos para empresas
automotrices, médicas y alimenticias.
El gerente de producción, Baldwin,
se detiene ante un grupo de trabajadores
que moldean partes especiales para radiadores
con silicón rojo y azul. Según
dice, los jóvenes aficionados a
autos se vuelven locos por componentes
de colores llamativos producidos por Tacna
en pequeñas cantidades para tiendas
de autopartes en el sur de California.
Baldwin piensa que velocidad y flexibilidad
son su ventaja sobre los competidores
asiáticos que producen en gran
escala. “¿Quién va
a producir sólo 10 partes”
que algún consumidor quiera? “No
China.”
Como muchos ejecutivos de maquiladoras,
Baldwin vive en San Diego y viaja a Tijuana
al trabajo. Dice que esta una gran ventaja
para empresas pequeñas que quieren
controlar de cerca su producción
en vez de tratar de manejarla hasta el
otro lado del Océano Pacífico.
Pero otros dicen que México se
ha dormido en sus laureles por mucho tiempo,
esperando que su proximidad con los Estados
Unidos lo libere de sus pecados.
Jaime González, experto en logística
en Tijuana, expresa su frustración:
un país de gran potencial manufacturero
como México no tiene un puerto
de altura en el Océano Pacífico
capaz de manejar barcos con contenedores,
no tiene trenes rápidos ni autopistas
suficientes para el transporte de carga
en la región.
“Es como si estuviéramos
teniendo éxito a pesar de nosotros
mismos,” dice González, vicepresidente
de Mundo Corporación. “China
está invirtiendo billones en esas
áreas mientras que México
se queda muy atrás.”
Preocupados por los últimos descalabros
económicos de Tijuana, González
y otros miembros de la Corporación
Desarrollo Económico de Tijuana
han tomado la ofensiva. El grupo ha ofrecido
recientemente una conferencia de prensa
buscando sensibilizar a los funcionarios
de gobierno de problemas tales como el
crimen o el arcaico sistema de transporte
público que desalientan la inversión.
Esta corporación antes apoyaba
cualquier empresa dispuesta a instalar
una planta en la región, pero ahora
está seleccionando industrias como
automotrices, médicas, aeroespaciales
y de programas de computación,
compañías que levanten el
rango de Tijuana.
Y aunque la economía local está
mejorando, gentes como Elías Laniado,
gerente del grupo de desarrollo económico,
dice que la bonanza de fines de la década
de los 1990 no volverá pronto.
Será un crecimiento modesto, se
acepta, pero el grupo está promoviendo
activamente atraer nuevos inversionistas
a la ciudad, sobre todo desde California,
aunque sabiendo que la ubicación
de Tijuana, por sí sola, ya no
se vende bien. “Tenemos que tocar
las puertas desde San Diego hasta San
José,” dice Laniado. “Sentimos
definitivamente una sensación de
urgencia.”
Lejos de sentirse triunfantes por el resurgimiento
del sector, los ejecutivos de la industria
maquiladora de Ciudad Juárez regañaron
a Vicente Fox en su reciente visita
a la ciudad. Los líderes empresariales
dijeron al presidente que la recuperación
de la industria es sólo temporal
y que ni la ubicación privilegiada
de México ni que el trato preferencial
por el TLC son bases firmes de apoyo.
Los empresarios dicen que México
debe enfrentar reformas laborales, energéticas,
educativas, de impuestos y otras que han
estado estancadas por años, o estar
condenados a tener un crecimiento industrial
mediocre mientras otras naciones se adelantan,
seguro para bien de ellas.
“Ni China ni otro país han
robado a México,” afirma
el operador de maquiladoras Héctor
Fierro en una reunión de ejecutivos
empresariales. “México ha
perdido sus ventas; nadie nos las ha quitado.
Simplemente, nosotros mismos las hemos
perdido.”
(Traducción: Enrique Dávalos)
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