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Esta
artículo analiza el sindicalismo
en las maquiladoras fronterizas, y pone
énfasis en la actitud hacia el sindicalismo
y en la relación entre trabajadoras
y sindicato. 1.
Mujer e industria maquiladora.
Las mujeres estuvieron presentes desde
la aparición de la industria maquiladora
en México, a mediados de los sesenta.
Sin embargo, desde los ochenta el porcentaje
femenino y su perfil dentro del sector
han disminuido. Actualmente, las trabajadoras
ingresan a éste a mayor edad, se
casan y algunas, como en Tijuana y Ciudad
Juárez, alcanzan antigüedades
hasta de 20 años en la maquila.
Por
otra parte, la idea de que estas mujeres
carecían de responsabilidades familiares,
como muchas de las primeras trabajadoras
en la maquila, es hoy un mito. Estudios
realizados en los noventa mostraron que
un alto porcentaje aportaba el ingreso
central de muchos hogares fronterizos,
especialmente en Ciudad Juárez
(Reygadas, 1992), y en Matamoros (Alvarado
et al, 1992). En Ciudad Juárez
incluso desempeñaban el papel de
padre-madre, al ser madres solteras.
Aunque
algunas condiciones laborales han cambiado,
particularmente las de instalaciones,
los salarios no han registrado mejoras
sustanciales en estas empresas. El problema,
que afecta por igual a trabajadores y
trabajadoras, es experimentado con mayor
rudeza por las mujeres, dado el mayor
peso de sus responsabilidades familiares,
ya descrito. Recientes entrevistas muestran
que un porcentaje importantes de trabajadoras
de la maquila realiza actividades para
complementar sus ingresos, tales como
tiempos extras, venta de comida o ropa
y otras.
Otro
dato importante es que desde finales de
los ochenta, el empleo femenino en esta
industria ha disminuido. Mientras que
a principios a finales de los setenta
(¿?¿?) 77 por ciento eran
mujeres, para el 2000 sólo 55 por
ciento de la mano de obra era femenina.
Las
explicaciones han sido varias. Un primer
argumento fue el de los cambios industriales
en la maquila, como la introducción
de maquinaría más moderna
que ha desplazado trabajadoras, o la de
sofisticado equipo que requiere mayor
calificación, de la que ellas supuestamente
carecen. En mi opinión, el porcentaje
de mano de obra femenina depende del tipo
de industria y de las características
del mercado laboral en cada región.
Dos
comentarios finales: aunque la maquila
ha constituido una fuente clave de empleo
femenino, el sector ha tenido durante
cuatro décadas un trato discriminatorio
y segregacionista hacia las mujeres: en
primer lugar porque la mayoría
de ellas siguen siendo operarias con escasas
probabilidades de escalar posiciones laborales
dada la estandarización de la maquila
en una o dos actividades; segundo, porque
las mujeres continúan empleadas
en los sectores peor pagados, como el
textil y el electrónico. Ante tal
situación, la pregunta se impone:
¿Que están haciendo los
representantes sindicales para solucionar
esta discriminación?.
2. Sindicalismo y mujer en la maquila.
Distintos estudios realizados en ciudades
con presencia maquiladora me permiten
estimar que poco más de 50 por
ciento de las plantas están sindicalizadas.
Estos sindicatos son en su mayoría
oficiales, esto es, centrales otrora ligadas
al gobierno de filiación priísta,
como CTM, CROC, CROM y COR. Pese a ello,
su comportamiento es heterogéneo.
He
distinguido dos comportamientos sindicales:
el tradicional, caracterizado por una
defensa mínima de los trabajadores,
en Tamaulipas y Coahuila, y el subordinado,
más preocupado por las necesidades
de la empresa que por el mejoramiento
de los trabajadores, en Baja California
y Chihuahua, (Quintero, 1997). La diferenciación
se debe a la historia sindical local y
al tipo de maquila en cada región.
En
términos generales, podría
decirse que el sindicalismo en maquiladoras
—particularmente el tradicional—
pese a ser mayoritariamente femenino,
se ha preocupado más por conservar
o defender condiciones laborales generales,
como salarios y prestaciones, que por
demandas de género.
Desde
este punto de vista, los estudios permiten
afirmar que existe una homogeneización
en cuanto a condiciones salariales y prestaciones
mínimas para hombres y mujeres.
Cuando las plantas están sindicalizadas
no se perciben fuertes discriminaciones
salariales entre ambos sexos; sin embargo,
los contratos colectivos reflejan escasa
preocupación en cuanto a las cláusulas
propiamente de género.
A
continuación, presento dos aspectos
que evidencian esta marginación
femenina: cláusulas contractuales
de género introducidas en algunos
contratos y percepción de las trabajadoras
en torno a su sindicato.
2.1
Demandas femeninas y contratación
colectiva.
Los contratos colectivos tradicionales
continúan cumpliendo con los derechos
laborales estipulados en la Ley Federal
del Trabajo para las mujeres, como los
de maternidad y lactancia. Incluso han
logrado ciertas ventajas mínimas,
cómo la garantía de trabajadoras
temporales en estado de gravidez en el
caso del Sindicato de Jornaleros en Matamoros.
No
obstante, en regiones con sindicalismo
subordinado hay permisividad hacia prácticas
discriminatorias de contratación
femenina, como la exigencia de pruebas
de no embarazo para ingresar a la empresa,
o el despido una vez detectada la gravidez
de la trabajadora.
Sin
negar estos problemas, no se puede generalizar
un comportamiento similar en todas las
maquiladoras, aparentemente más
vinculado a plantas tradicionales o grandes
estrategias transnacionales; asimismo,
el empresariado maquilador parece haber
aprovechado algunos intersticios en la
legislación mexicana (Cuevas, 1997)
para aplicar estos exámenes, y
al haber extendido de 30 a 90 días
los periodos de prueba, se les ha dado
formalmente un mayor espacio para ello,
y en el papel, para despedir a las mujeres
que pudieran estar embarazadas. La discusión
sobre el tema está abierta.
Otro
punto importante al respecto ha sido el
incremento de medidas para evitar embarazos
entre las trabajadoras. Las empresas pusieron
en marcha sistemas de planificación
familiar al interior de las plantas, lo
que sin duda también resulta una
injerencia en la vida privada de las trabajadoras.
Si
bien ha sido difícil para las organizaciones
laborales preservar los derechos laborales
básicos de las mujeres, aún
más lo ha sido conseguir otros
beneficios para las trabajadoras. En Matamoros,
por ejemplo, el sindicato logró
arrancar a la empresa conquistas simbólicas,
como la creación de áreas
de lactancia al interior de algunas plantas,
dos días de permiso a los trabajadores
en caso de alumbramiento de la esposa,
y la concesión de becas escolares
para sus hijos. Pese a su relevancia,
el problema es su escaso radio de acción
en relación con la cifra de trabajadores.
En
cuanto a los problemas no resueltos, quizá
el más agudo que enfrentan las
trabajadoras sea la ausencia de guarderías.
Aunque existen guarderías privadas
y públicas, las primeras son caras
y deficientes; las segundas, gratuitas
pero insuficientes. Por ello, las mujeres
de la maquila han optado por soluciones
más prácticas, como el cuidado
de los hijos por parte de algún
pariente o vecino (Ganster/Hamson, 1996,
p. 19), aunque también existen
experiencias dolorosas, en las que los
hijos permanecen solos mientras la mujer
trabaja.
En
las maquiladoras con sindicato subordinado,
el respeto a los derechos y prestaciones
laborales es totalmente distinto. El análisis
de contratos colectivos en Tijuana y Ciudad
Juárez muestra que no sólo
no se han conseguido nuevas prestaciones
para ellas, sino que se ha consentido
la merma de sus derechos legales o su
total sujeción a los ritmos productivos.
De
tal manera, el sindicato se convierte
en un ente pasivo; sus agremiadas mantienen
una relación directa con el empresario
desde su contratación hasta su
despido, muchas veces sin enterarse de
la presencia sindical.
Dados
estos comportamientos sindicales tan distintos,
¿Cuál ha sido la opinión
de las trabajadoras al respecto? A continuación,
algunos de sus puntos de vista.
2.2
Mujer y opinión sindical.
Este apartado final recoge algunas ideas
que las trabajadoras de la maquila en
torno a su sindicato y sobre aspectos
centrales, como su cultura sindical y
su conceptos de contrato colectivo y elección
de líderes . A grosso modo podría
expresarse que entre las mujeres maquiladoras
existe una opinión positiva hacia
los sindicatos. El 55 por ciento de las
matamorenses y 68.5 por ciento de las
tijuanenses declararon que el sindicato
es un defensor del trabajador.
En
cuanto al concepto de `contrato colectivo'
existe una confusión; persiste
una idea ambigua en torno a su significado.
Las tijuanenses lo confunden con su contrato
individual; no así las matamorenses,
quienes gracias a su revisión bianual
conocen al menos su existencia, aunque
no tienen claro su significado real.
El
73 por ciento de las matamorenses dijo
conocer su contrato colectivo; 49 por
ciento de las tijuanenses aseguró
tener contrato colectivo, confundiéndolo
más con el individual. Asimismo.
existe similitud de opiniones en torno
al contrato colectivo; 64.4 por ciento
de las matamorenses y 68.5 por ciento
de las tijuanenses expresaron que el contrato
colectivo representaba una garantía
en el trabajo. Finalmente, y dada su experiencia
de negociación contractual, 31
por ciento de las matamorenses afirmó
que el contrato colectivo servía
para conseguir mejores salarios y prestaciones.
Más
interesante resultó la relación
de las trabajadoras con su sindicato;
94.5 por ciento de las tijuanenses dijó
desconocer la existencia de su sindicato,
en tanto que sólo 10 por ciento
de las matamorenses expresó no
conocerlo, lo que también resulta
preocupante. Las formas en las que las
matamorenses toman contacto con su sindicato
son: al momento de la contratación
(43.1 por ciento); en asambleas sindicales
(33.3 por ciento), aunque un número
considerable de matamorenses (46.5 por
ciento) expresó no conocer más
allá de lo elemental sobre su sindicato.
En
cuanto a la relación con los representantes
sindicales, la diferencia entre matamorenses
y tijuanenses se acentúa. Sólo
10 por ciento de las tijuanenses dijeron
conocer sus líderes, en tanto 70
por ciento de las matamorenses afirmaron
conocer no sólo a su líder
general, sino a sus delegados fabriles.
Más aún: 50 por ciento de
las matamorenses aseguraron haber participado
en la elección de delegado. Al
respecto, un comentario: los liderazgos
muestran un comportamiento bien definido:
a las mujeres se les permite participar
en los niveles medios, como delegadas,
pero su postulación para el Comité
Ejecutivo o para una Secretaria General
es mínima. Estas posiciones siguen
dominadas por hombres.
El
análisis muestra una cultura femenina
muy superficial en torno a cuestiones
sindicales y de contratación colectiva,
lo que les impide exigir el cumplimiento
de sus derechos ante líderes sindicales
y empresarios.
Un
muy buen comienzo para conseguir mejoras
sería una mayor información
por parte de los dirigentes, y a petición
de la mismas trabajadoras, sobre lo que
significa una organización sindical,
y en cuanto a los derechos y obligaciones
de los sindicalizados, para exigir sobre
esta base el cumplimiento de los derechos
que la LFT marca para la mujer, así
como para propugnar la inclusión
en ésta de artículos que
estipulen su cumplimiento e integren nuevas
medidas de protección para las
trabajadoras.
Referencias.
-Alvarado
Arturo. Rosa María Ruvalcaba (et
al), "Percepciones femeninas en hogares
maquiladores", Impacto social de
la industria maquiladora en Matamoros,
FORD/Colegio de México, 1992.
-Contratos colectivos de Matamoros, Reynosa,
Nuevo Laredo, Piedras Negras, Ciudad Juárez
y Tijuana, de distintos años en
el periodo 1980-2002.
-Cuevas, Leticia. Analysis of Issues Raised
in Submission 9701, Gender Discrimination
and Pregnancy Based Discrimination, Kathlene
Mc Donald editor, USA, december 1997,
96 pp.
-Encuesta sobre la sindicalización
en las maquiladoras mexicanas, aplicada
en enero?marzo de 1991 en Matamoros y
Tijuana.
-Ganster, Paul. Dona Hamson, Recursos
para los servicios de Guarderías
y Planificación familiar en la
industria mexicana de maquiladoras, Institute
for Regional Studies of the Californias,
San Diego State University, San Diego,
Cal., 1995, pp. 1-40
-Quintero Ramírez, Cirila. Reestructuración
sindical en la frontera norte. El caso
de la industria maquiladora, COLEF, 1997a,
285 pp.
-Reygadas, Luis. Un rostro moderno de
la pobreza, Ediciones del Gobierno del
Estado de Chihuahua/INAH-Unidad Chihuahua,
1992.
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