" Desfeminización y migración al sur de la maquila "
María Euguenia de la O
 

En sus comienzos en la frontera norte, el programa maquilador hizo una considerable oferta de empleo a una mayoría de mujeres jóvenes; hoy en día, sin embargo, los hombres constituyen importante contingente laboral en el sector. Este comportamiento refleja su gradual desfeminización, en un contexto de continua expansión de sus actividades hacia casi todo el país durante aproximadamente 25 años.

En esta ya prolongada presencia de la maquila en el país, es posible identificar tres ciclos diferenciados de participación femenina. El primero, de propagación intensiva en la frontera norte, en los setenta y ochenta del recién concluido siglo, luego de la instalación de las primeras maquiladoras. El segundo, de gradual desfeminización de la fuerza de trabajo, al resultar más dinámica la contratación de varones en la frontera norte y noroeste desde fines de los ochenta y, por último, un tercer ciclo de expansión del empleo femenino en las nuevas regiones maquiladoras al occidente y centro del país y en la península de Yucatán, junto con una acelerada desfeminización del empleo en la región maquiladora centro-norte, desde los años noventa.

Durante el primer ciclo, la incorporación de mujeres en las maquiladoras se dio en un contexto de declive económico de las principales actividades locales, como el cultivo de algodón y el comercio, en ciudades pioneras de la maquila como Tijuana, Ciudad Juárez, Mexicali y Matamoros. En estas ciudades, en 1980 era posible observar que, en promedio, por cada 100 mujeres obreras se contrataba a 30 varones para igual puesto. Asimismo, en dicho periodo, el sector de autopartes en los municipios fronterizos solía ser el más masculinizado, con 50 obreros varones por cada 100 obreras. En contraste, los sectores más feminizados fueron la electrónica y la confección, con 100 obreras por cada 20 varones en promedio (INEGI, 1978-1988), relación que permite identificar en qué tipo de actividades eran contratadas las mujeres.

En el segundo ciclo, la desfeminización de la fuerza de trabajo en las maquiladoras comenzó a observarse a fines de los ochenta. Este proceso se volvió contundente en 1990 en Tijuana, Ciudad Juárez y Nogales, bajo una relación de 80, 82 y 60 obreros por cada 100 mujeres obreras, respectivamente. Esto se debió, por una parte, a la preponderancia que alcanzó el sector de autopartes, tradicional empleador de varones, y por otra, a la adopción de procesos tecnológicos y productivos más especializados en corporativos de punta, que incorporaban técnicos varones.

A ello se sumaron los efectos de la crisis de 1982 sobre el mercado de trabajo del norte en los casos de Piedras Negras, Reynosa, Ciudad Acuña y Hermosillo, al decaer las actividades agrícolas, de servicios y de extracción de minerales, y perderse numerosos empleos masculinos. Estas condiciones permitieron a la maquiladora convertirse, a fines de los ochenta, en fuente privilegiada de empleo en estas ciudades. En Ciudad Acuña, Piedras Negras y Reynosa, específicamente, se pasó de una relación de 59, 27 y 37 varones por cada 100 obreras, en 1985, a la de 130, 92 y 68 varones por cada 100 mujeres, en 1995. Si bien estos cambios propiciaron menor segregación por sexo respecto al primer ciclo de empleo en la maquila, también evidenciaron el deterioro de la situación laboral masculina y la disminución de oportunidades para las mujeres, cuyo destino dentro de la industria de exportación fue el de los sectores de baja remuneración, como el de la confección, o en los nuevos centros maquiladores al centro y sur del país.

En el tercer ciclo, la desfeminización de la fuerza de trabajo fue evidente en Tijuana, Ciudad Juárez y Nogales, donde en el 2000 había casi 100 obreros contratados por cada 100 obreras. Este proceso fue aún más intenso en Ciudad Acuña, Piedras Negras y Reynosa, con 143, 107 y 84 varones por cada 100 obreras ese mismo año. Durante este ciclo también se observaron dos patrones de empleo en las nuevas regiones maquiladoras; uno feminizado en las maquiladoras del occidente, península de Yucatán, centro-norte y centro de México desde los noventa, con rangos de entre 32 y 60 varones por cada 100 obreras en el 2000, tendencia aún más fuerte en Guadalajara, Zacatecas y Guanajuato; otro de rápida desfeminización registrado desde mediados de los noventa en ciudades norteñas de reciente maquilización, como Torreón, Lerdo y Gómez Palacios, asociadas al surgimiento de maquiladoras para la confección y el vestido. Estas ciudades presentaron en el 2000 una relación de 82 a 94 varones por cada 100 mujeres obreras.

Cabe señalar que en esta etapa, los sectores electrónico y de la confección fueron los más feminizados en municipios no fronterizos, bajo una relación de 46 y 59 varones por cada 100 obreras contratadas; en contraste, y para la misma región, en las autopartes la proporción fue de 76 varones por cada 100 obreras (INEGI, 2000).

Este conjunto de evidencias permite identificar cómo operan los patrones de distribución territorial de las maquiladoras y su impacto en los perfiles laborales por sexo. Por un lado, se observa mayor participación femenina en ciudades de reciente inserción a la industria maquiladora; por el otro, una mayor participación masculina en áreas orientadas a confección y vestido, seguidas de la electrónica.

En términos generales, podría afirmarse que los varones se colocan crecientemente en un plano de abierta competencia frente a las mujeres en la búsqueda de trabajo en la industria maquiladora, aunque con resultados y oportunidades desiguales debido a las condiciones estructurales que impone la maquila mediante sus políticas de contratación, formas de segmentación ocupacional y deterioro generalizado de las condiciones de trabajo en el país.

De esta manera, puede concluirse que la participación de las mujeres en la maquila se ha tornado en fuente de segregación de acuerdo con su posición laboral, rama y, últimamente, según la ciudad de que se trate; otra conclusión es que estas diferencias no desaparecen con la incorporación de varones a este mercado laboral, pues no se trata en términos estrictos de la disminución de la brecha ocupacional entre hombres y mujeres, sino de la falta de mejores oportunidades de empleo para la población en general.

Bibliografía

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Barajas, Rocío y Carmen Rodríguez “Mujer y trabajo en la industria maquiladora de exportación”, Serie Documentos de Trabajo no. 22, Fundación Friedrich Ebert, México, 1992.

De la O, María Eugenia, Y por eso se llaman maquilas. La configuración de las relaciones laborales en la modernización. Cuatro estudios de plantas electrónicas en Ciudad Juárez, Chihuahua, Tesis de Doctorado en Sociología, Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio de México, México 1997.

----- “Maquila, mujer y cambios productivos: estudio de caso en la industria maquiladora de Ciudad Juárez” en Soledad González y Ofelia Woo (Compiladoras), Mujeres, migración y maquila en la frontera norte, Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, El Colegio de México, México 1995.

Fleck, Susan, “A Gender Perspective on Maquila Employment and Wages in Mexico” en Elizabeth G. Katz y Maria C. Correira (Editoras), The Economics of Gender in Mexico: Work, Family, State, and Market, The World Bank, Washington, D.C., 2001, pp. 133-172.

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