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La
lucha de las trabajadoras de la maquila
comienza casi paralelamente a su instalación
en México. Entre sus principales
demandas figuraban aumento salarial, mejores
condiciones sanitarias y cese al hostigamiento
y abuso sexual. Casi todas sus luchas derivaron
en la organización sindical, y algunos
colectivos lo lograron, como el de Mattel
Mexicali, en 1973, y el sindicato Ardemi,
en Baja California Sur. Pero
la gran crisis del capital de 1975-76
provocó el despido de 32 mil trabajadores
a lo largo de la frontera, así
como la derrota de la mayoría de
los esfuerzos sindicales. A fines de los
setenta y principios de los ochenta se
dio otra oleada organizativa; de allí
surgieron sindicatos independientes en
Tijuana (Solidev), Ciudad Juárez
(Acapulco Fashion), y Zacatecas (Cresent).
Estos, y las empresas donde funcionaban,
desaparecieron al arribar las políticas
neoliberales a México, cerrando
esta primera etapa de resistencia.
A
principios de los noventa se avizoraron
otras luchas contra las pésimas
condiciones de trabajo que afectaban gravemente
a los trabajadores. Previamente a las
negociaciones del Tratado de Libre Comercio
con Norteamérica (TLC), surgen
importantes luchas en diferentes puntos
del país, como las de Plásticos
Bajacal, filial de Carlisle Plastics de
Tijuana; la de las trabajadoras de Sony
Nuevo Laredo, en Tamaulipas, por mencionar
sólo algunas. Sus luchas fueron
heroicas, pero no lograron su objetivo
de crear un sindicato independiente y
obtener mejores contratos de trabajo,
y serían necesariamente derrotados
por patrones y autoridades laborales para
allanar el camino al TLC.
Debido
a las enormes distancias y al alto costo
del transporte a lo largo de los tres
mil kilómetros de frontera entre
México y Estados Unidos, donde
se ubica la mayoría de las maquiladoras,
los grupos fronterizos de apoyo y solidaridad,
creados por ex trabajadores, activistas,
grupos de mujeres o redes comunitarias,
permanecían aislados entre sí.
Algunos
incluso se conocían en Estados
Unidos, Canadá o Europa, surgiendo
los nexos, paradójicamente, casi
sólo con el extranjero, pero no
en el lado mexicano de la frontera. A
ello se sumaban las diferencias surgidas
entre grupos de solidaridad estadunidenses,
lo que dificultaba aún más
las relaciones.
La
resistencia en las maquiladoras se da
espontáneamente por línea
de producción, área, departamento,
o estallando huelgas ilegales en toda
la planta; en puntos como Tamaulipas lograban
involucrar a trabajadoras de otras fábricas.
Estas luchas enfrentan numerosos adversarios:
el patrón extranjero, los gerentes
mexicanos, las juntas de conciliación
y arbitraje que apoyan a estos patrones
y el sindicalismo propatronal ya sea con
esbirros de la misma planta o por sindicatos
formados por gente que nunca trabajó
en la maquila, especializada en vender
protección a las empresas y obstaculizar
la organización de los trabajadores.
En 1984 se efectuó un encuentro
de trabajadores de la maquila en Ciudad
Juárez, pero las dificultades que
enfrentaba el movimiento impidieron que
avanzara. En 1992 surge una nueva etapa,
caracterizada por esfuerzos de vinculación
entre grupos solidarios de México;
se dan así los primeros encuentros
regionales, como el promovido por Sedepac
entre grupos de la maquila y de mujeres,
realizado en Chihuahua en 1992.
A
éste siguieron otros cinco encuentros,
los cuales culminaron en 1998 con el intento
de crear una pequeña red de trabajadoras
y activistas de la maquila para compartir
experiencias, ampliar la solidaridad y
seguir avanzando en un análisis
amplio de género y clase. En esta
red participaron grupos de Baja California,
Chihuahua y Coahuila.
En
1998, a iniciativa de Factor X, con el
acuerdo y apoyo de varios grupos fronterizos
y del Distrito Federal, y luego de superar
múltiples dificultades, convocamos
a tres encuentros de los grupos mexicanos
con más experiencia e infraestructura
para avanzar en la solidaridad, organización
y unidad en la lucha pro derechos humanos,
laborales y de género. Más
allá de organizar el encuentro,
se está construyendo el espacio
para dicho encuentro y para facilitar
la comunicación y el enlace entre
los diferentes grupos y organizaciones
del movimiento organizativo de la maquila
en y desde México.
Se
están edificando redes locales
de trabajadoras y activistas: la idea
es promover y dar visibilidad a la red
de comunicación, información
y asesoría —que de hecho
ya existe entre algunos trabajadores de
la maquila— para reforzar y ampliar
la solidaridad local, potenciarla a nivel
nacional e internacional y ver cómo
pueden apoyarse entre sí las luchas
y fortalecer los lazos ya existentes entre
ell@s.
La
redes locales se están integrando
con trabajador@s con demandas laborales
contra varias maquiladoras (Sanyo, Ensambles
de Precisión de las Californias,
Nellcor, Duro Manufacturing, Kunk Pog,
etcétera); otr@s han tenido demandas
o han participado en luchas en algunas
maquiladoras. Muchos de estos contactos
los hicieron compañeras con largos
años de lucha y múltiples
intentos de organización en las
maquiladoras y con diferentes grupos.
Buscamos que no haya luchas aisladas,
que se vayan uniendo como movimiento.
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