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Es
importante recordar que el Decreto Para el Fomento
y Operación de la Industria Maquiladora de
Exportación del primero de Junio de 1998
y su reforma del 13 de Noviembre de 1998 define
a la Maquila como un proceso industrial o de servicio
que implica transformación, elaboración
o reparación de mercancías de procedencia
extranjera importadas permanente o temporalmente
para su exportación posterior. Lo anterior
significa que la razón principal para que
una Maquila se registre como tal es porque o bien
no pagará o bien se le regresarán
los impuestos de importación de sus insumos
y de la maquinaria y el equipo, así como
el pago del impuesto al valor agregado cobrados
en México. Por lo que respecta a los impuestos
de importación de los productos maquilados
en México por parte de los Estados Unidos,
estos se rigen principalmente por la partida 87.30
de la tarifa armonizada, por la cual solo se grava
el valor agregado en México.
Durante los últimos veinte años, esta
actividad creció rápidamente en México
debido a los bajos salarios y reducidos costos de
operación y de los servicios públicos,
aunados a bajos los costos de transporte debido
a la proximidad con el mercado estadounidense. Durante
años, las maquiladoras fueron la única
actividad económica en la que se permitía
la propiedad extranjera total de las empresas, aunque
esto cambió en 1995. A partir de 1995, por
las condiciones globales que existen a partir de
la firma del Tratado de Libre Comercio de América
del Norte, su crecimiento fue acelerado. No obstante,
a partir del 2001, la actividad maquiladora entró
en un período de menor crecimiento del empleo
y en el cierre de plantas. Tal proceso se puede
explicar, por una parte debido a la recesión
de la economía de los Estados Unidos. Pero
también hay voces que hablan de que el modelo
maquilador está entrando en una etapa de
agotamiento, debido a la competencia de los bajos
salarios de países como China.
En 2008 terminará la transición hacia
el área de libre comercio de América
del Norte y los bienes intercambiados entre México
y Estados Unidos que cumplan con las reglas de origen
quedarán totalmente desgravados, no así
los que no las cumplan.
En otras palabras, por causa del TLCAN, las actividades
maquiladoras están condenadas a desaparecer
como tales, para fundirse con el resto de las actividades
principalmente de la manufactura en México.
Mientras tanto conviene señalar que su importancia
económica reside en que proporciona empleo
y remuneraciones a un importante grupo de mexicanos
en ciudades donde la actividad economía sería
menos intensa, o casi inexistente si no fuera por
la presencia de las actividades maquiladoras.
Pero es justamente por esas mismas razones que los
movimientos en el empleo en la maquila se transforman
en un fuerte problema cuando ocurren en forma sistemática
como sucedió a partir del 2001.
Durante el año 2000, la composición
promedio del empleo total fue como sigue: 947,989
obreros, 148,872 técnicos de producción
y 90,664 empleados administrativos. En el caso particular
de los obreros, casi el 55% eran mujeres.
Estas cifras representan el punto histórico
más alto en los niveles de empleo en la maquila.
A partir de fines del 2001 y hasta fines del año
pasado se presentó una importante pérdida
de empleos y plantas de producción. Entre
noviembre de 2000 y noviembre del 2002 se tiene
una pérdida de 235,432 puestos de trabajo,
de los cuales 84,060 estaban ocupados por hombres
y 120,118 por mujeres.
Una cuestión que sobresale en el comportamiento
de los salarios es que a pesar de que la economía
mexicana ha pasado por un permanente proceso de
ajuste que ha tenido un impacto negativo sobre los
ingresos salariales, el sector manufacturero registra
sistemáticamente un mayor nivel de salarios
que la industria maquiladora.
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